lunes, 16 de julio de 2018

JOSÉ GARCIA BERDOY

444gb.blogspot.com

Era un aficionado al cine. Más que aficionado; diría que el cine formaba parte de su vida, una parte muy importante. Le gustaban las buenas películas, fueran estas de dibujos animados o de cualquier otro género. Tenía preferencia por el cine americano, por el buen cine americano y además escribía sobre ello en el blog que encabeza este texto. Le encantaba hacer listas de las mejores de los directores que apreciaba, para lo que habitualmente buscaba la colaboración de sus amigos y sus comentarios  estaban marcados por su peculiar sentido del humor, como atestigua la foto de presentación de su blog.
Su temprana desaparición nos deja un vacío aunque ahora estará disfrutando posiblemente al poder intercambiar opiniones con gente a la que siempre había admirado. Te echaré de menos y también a tus comentarios. Hasta que nos volvamos a encontrar, Pepillo.


LA NÚMERO UNO

COSAS QUE PASAN
Hay muchos temas de actualidad en esta película de Tonie Marshall, quizá demasiados:la lucha de la mujer para ver reconocidos sus méritos en un mundo dominado por los hombres, la aparición de un feminismo influyente y combativo, y, finalmente, presente pero no muy bien tratado, la conciliación trabajo familia. Todo ello está contado de una manera directa, descarnada, en que todas las partes  que participan en el juego sacan lo peor de sí mismas y validan cualquier procedimiento que sirva para conseguir el fin pretendido, lo que, de algún modo, hace que en muchos momentos, se aproxime al universo opaco y corrompido del cine negro.
Podría estar muy bien, el ritmo es el adecuado, los actores funcionan, en particular Emmanuelle Devos y Suzanne Clement, y tienen la presencia física que se espera de ellos, pero la mezcla de feminismo-política-mundo empresarial-chantaje y familia, no acaba de combinarse bien en un guión que tendría que haber sido estructurado de forma que cada parte encontrase la relación adecuada para conseguir el deseado equilibrio. Aun así, el asunto que da pie a la narración es lo suficientemente fascinante como para que, a pesar de sus lagunas, mantenga constantemente el interés de espectador.

domingo, 1 de julio de 2018

LAS GUARDIANAS

HARTAZGO
Muchos temas: la soledad de unas mujeres mientras sus hombres están en la guerra, la vida rural en Francia durante la segunda década del siglo XX, los primeros indicios de la liberación de la mujer, el amor físico como necesidad, el panfleto anti-bélico mostrando el horror de cualquier guerra, en este caso la primera GM...demasiado. Todo fotografiado amorosamente con calidad pictórica por Caroline Charpentier y escrito y dirigido ¡Ay! por Xavier Beauvois a ritmo de tortuga viajera, con obsoleto esteticismo y preocupado por las imágenes mucho más que por la narración. Por ello el relato se estira hasta lo indecible y todo iría mucho mejor si un alma caritativa hubiera amputado 25 o 30 minutos del metraje para lo que hay ocasiones de sobra. Buenas interpretaciones (todo se reduce a que los actores sepan estar) pero hay que destacar el descubrimiento de Iris Bry, co-protagonista con Nathalie Baye, que además de presentar el físico adecuado a su personaje, actúa y canta primorosamente.
En resumen, una colección de bonitos cuadros y un mensaje que nunca llega a emocionar.

domingo, 24 de junio de 2018

EN TRÁNSITO

VOLVER A CASABLANCA
A Christian Petzold le fallaba el guión en "Bárbara". Aquí la novela de Anna Seghers le da una base sólida. Lo que ha hecho es como una actualización de "Casablanca", pero esta vez en Marsella, que con el enemigo en puertas ya no es una ciudad libre, sino una en que las autoridades, deseosas de colaborar, ya han iniciado la persecución de las minorías,  las deportaciones y los asesinatos de los disidentes. Un hallazgo: las imágenes no muestran la Francia de 1940, sino la actualidad, lo que añade un tono inquietante al relato al sugerir que es algo que podría suceder en nuestros días.
Pero hay también otras diferencias importantes: el protagonista no es un idealista fracasado sino alguien que ha suplantado la personalidad de otro para salvarse, no hay épica por tanto ni tampoco una historia de amor redentora, pero sí una toma de conciencia, de honradez y también de renuncia que le lleva a decidir que su existencia carece de sentido si no permite que otros más dignos que él se salven. Cuando por un capricho de la fortuna el objetivo de su acción queda frustrado (algo así como si el avión que lleva a Lisboa  a Victor y Elsa se estrellara), su vida pierde la razón de continuar y solo queda esperar la muerte.
Se trata de una película excelente, bien contada, con una atmósfera densa en la que la angustia de todas esas personas que pretenden escapar del horror que se avecina, siempre los mismos en los distintos sitios donde esperan resolver su situación, impone el adecuado tono catastrófico que llega a superar al conflicto de los personajes centrales, de tal modo que lo universaliza. Quizá sea en este punto donde radica uno de sus méritos, porque nos convence que es imposible escapar de la tragedia que nos acecha.


domingo, 3 de junio de 2018

EL DOCTOR DE LA FELICIDAD

APENAS UNA IDEA
Poca cosa. Comedia francesa sobre un estafador convertido en médico, que descubre que el modo de hacer dinero es convencer a los habitantes del pequeño cantón que rodea el pueblo de St. Martín, de que si creen estar sanos es porque ignoran las enfermedades que los aquejan. Si la idea hubiera sido llevada al cine con más inteligencia, podría haber tenido algo de gracia, como sucede al principio de la película, pero progresivamente, los chistes desaparecen, las situaciones se tornan repetitivas y como remate se introduce un cierto melodrama con el cura local haciendo de villano. 
El resultado es un producto vacío que se arrastra penosamente y que ni la autora, Lorraine Levy, ni el actor principal, Omar Sy, parecen capaces de sacar adelante. Solo queda la fugaz belleza de Ana Girardot y una cuidada ambientación que, esa sí, da credibilidad a la Francia de 1955. Inane. 

domingo, 27 de mayo de 2018

CORPORATE

DEJÁ VU
Película sobre la práctica de un malvado capitalismo en el seno de una multinacional francesa (90.000) empleados, en la que se cuenta su plan secreto para poder despedir a sus trabajadores creando para ellos unas condiciones tanto físicas como morales, que pretenden conseguir que presenten su dimisión de forma voluntaria. Los ejecutores del plan son un Director General (Lambert Wilson) y una Jefa de Personal dócil e insensible (Celine Sallette) a las órdenes de un jefe supremo, que a modo de un gran hermano, aparece solamente a través de la pantalla de un ordenador.
El tema no es nuevo, el cine americano nos ha proporcionado buenos ejemplos (Narrow margin, Up in the air, Glengarry Glen Ross...), pero aquí se introduce un elemento nuevo, el suicidio de una de las víctimas del proceso. A partir de ese momento, la historia adquiere otro tono con la toma de conciencia de la responsable directa, rebelándose contra su cometido, y una aproximación al thriller al contar su lucha por exponer la verdad con la ayuda de una combativa Inspectora de Trabajo (Violaine Fumeau).
Todo está bien, el ritmo es bueno, los actores notables, en particular Celine Sallette, pero esta batalla entre pequeños contra gigantes, carece de algún modo de la épica suficiente para que las situaciones se planteen hasta sus últimas consecuencias, y nos deja un final, casi un "happy end", que no está en consonancia con lo visto.


domingo, 20 de mayo de 2018

LAS ESTRELLAS DE CINE NO MUEREN EN LIVERPOOL

FRIALDAD
Paul McGuigan cuenta los dos últimos años de la vida de Gloria Grahame y su relación con Peter Turner, un joven actor casi treinta años menor que ella. Para ello dispone de dos grandes intérpretes, Anette Bening y Jamie Bell que están soberbios, un excelente reparto de secundarios y un ágil y novedoso estilo narrativo que imprime un ritmo adecuado al drama.
Pero algo falla. Ni el guión ni la dirección profundizan en los personajes, nunca sabremos como se origina el amor entre ellos, ni sus relaciones familiares, ni como era esa actriz tan compleja y atractiva que nos maravilló en "Los sobornados", "En un lugar solitario", o en "Cautivos del mal". Sin esa profundidad no existe la menor empatía, no los entendemos, hay demasiadas cosas que no nos explican. A falta de todo ello la película se se reduce al relato de una tragedia cuyo final conocemos, pero que en ningún momento nos llega a emocionar y mucho menos conmover y uno se queda con la contemplación de una sucesión de imágenes elaboradas con un frío distanciamiento.